Nuestro viaje a París

NUESTRO VIAJE A PARÍS

Ya se notaba la emoción mezclada con somnolencia cuando estábamos a las seis de la mañana en el aeropuerto de Almería. Estábamos listos para coger el avión que nos llevaría hasta Madrid. Tras unas cuantas horas de viaje y entre trámites de maletas, transbordos, autobús… llegamos al albergue a las cuatro de la tarde.

Enseguida nos pusimos en marcha e iniciamos el recorrido por las calles de París; tomando un crêpe frente al arco del Triunfo, recorriendo los emblemáticos campos Elíseos hasta llegar a la plaza de la Concorde y El jardín de Tulleries. Cansados tras la larga jornada, volvimos al albergue tras hacernos una foto junto al Obelisco.

El día siguiente estaba repleto de cultura, pues visitamos el gran Museo del Louvre. Nadie quiso perderse la famosa Mona Lisa, los escultores de la época griega o los muebles del palacio de Versalles entre otras muchas obras. Inesperadamente, tuvimos que ser evacuados por motivos de seguridad, un poco caótico pero sin importancia al final. Por la tarde nos dirigimos hacia el museo d’Orsay, cruzando el Sena, donde vimos las colecciones impresionistas y simbolistas. Anduvimos hasta Beaubourg y volvimos en metro tras la cena.

 

El jueves nos levantamos muy temprano para no perdernos ni un detalle de la Torre Eiffel, tiritando de frío muchos de nosotros pasamos los controles de seguridad y ascendimos hasta la segunda planta. Las vistan eran realmente preciosas ya que se podía divisar gran parte de la cuidad. Luego bajamos, algunos por el ascensor, otros por la odisea de 700 escalones…. Almorzamos bajo el soleado cielo a los pies de la dama de hierro. El paseo en Bateau Mocuhe, navegando por debajo de los puentes y contemplando emblemáticos monumentos como Notre Dame, fue digno de repetir. Aprovechamos bien para descansar allí antes de continuar la marcha hasta la plaza del Trocadero, donde pudimos fotografiar una de las mejores vistas de la Torre. Continuamos en dirección la colina del Montmartre en metro y a pie hasta la basílica del Sacre Coeur, pasando por la plaza de los pintores, el café donde se rodó Amelie y uno de los dos molinos, vestigio del Paris antiguo. Una de las partes más intensas del día. Al final, bajamos otras tantas escaleras y pudimos contemplar el Mouilin Rouge iluminado durante la noche.

Estábamos algunos inquietos, otros adormilados, ilusionados. Era el día en Disneyland, uno de los días más esperado por la mayoría de nosotros. Tuvimos desde primera hora de la mañana hasta el atardecer para adentrarnos en el mundo de la fantasía, la diversión y los cuentos.

El sábado 22 quizá fue el día más agotador de todos después del miércoles. Visitamos Notre Dame por la mañana. Divagamos por las tiendas de souvenirs y entramos en la catedral. Sinceramente, quedamos sorprendidos por la soberbia de sus muros, de sus vidrieras. Desde allí, paseamos por l’Île de la Cité, la parte popular de la ciudad. También por la orilla del Sena, que estaba repleta de puestecillos con libros de segunda mano hasta el barrio latino. Allí tuvimos tres horas de asueto que devino en mucho más de lo esperado.  Y así terminamos el recorrido, recorriendo las calles cercanas del Panteón y los jardines de Luxemburgo hasta llegar a nuestro lugar de descanso.

Ya en el último día, se notaba mucho más el desgaste y el cansancio. Nos levantamos más tarde de lo acostumbrado para reponer fuerzas, aún nos esperaba un largo camino de vuelta. Salimos en dirección a un parque conocido como “lugar de los enamorados”. Uno de los mejores sitios para despedirnos de esta gran ciudad. Y por fin de vuelta a casa, con infinidad de recuerdos y anécdotas a cuestas para contar. Desde luego, fue una experiencia única e inolvidable para todos nosotros. Como dice la canción; “Paris sera toujours Paris”.

La clase de 3º ESO B